Me salto el capítulo en el que escribí punto y final; me salto la canción que habla de desamor, de desilusión; deshago el nudo en el estómago, las ganas de un “volver”... Doy la espalda al color negro, a las pocas ganas, a las lágrimas en vano. Entierro bajo cemento mi utopía. Y no me refiero a una utopía basada en otra oportunidad, en un “otra vez”, pues mis ganas y ceguera se han fugado para no volver, me refiero a una utopía que pensaba en que todo tuviese un ligero, muy ligero, tono rosa. Pero el veneno existe, lo corroboro.
Y la verdad, eso no va conmigo.
Dejo de buscar recuerdos en el fondo del vaso, de preguntarme si hice algo mal. Se acabó el salir para olvidar, el mirar de reojo tiempos atrás.
Y de paso me autorrespondo a la pregunta que hice en un blog anterior: “¿de verdad me merece la pena?”. Creo que la respuesta es obvia. NO. Y hacia tiempo que no existía mas que esa respuesta, pero nadie nace sabiendo, y a base de palos a uno le abren los ojos. Es lo único que tengo que agradecer de todo esto, el haber abierto los ojos y el haber ido borrando poco a poco cada letra de la palabra “estúpida”.
No me arrepiento de nada a pesar del final, porque no tengo nada de lo que avergonzarme ni nada hice con mala intención, al contrario. Simplemente, desde la distancia, vuelvo a pensar todo y me doy el lujo de reírme de mi misma.
Me viene a la mente algo que también escribí en el anterior blog, algo así como que estas Navidades no podría recorrerlas de la mano de nadie. Y desde aquí pido disculpas por haber obviado a esas personas en el momento en que escribí esa estupidez. Y no hace falta que las nombre, esas personas saben quienes son, a unas las veo menos, a otras todos los días, unas hace muchísimo tiempo que están ahí, otras menos (y por supuesto no por ello menos importantes).
Se acerca mi cumpleaños, se acercan las Navidades, vienen seres queridos que viven fuera, queda una Nochebuena por delante, un Fin de Año con las personas que más quiero, tardes de paseo por el centro, noches de fiesta y, por qué no, surrealistas también :)
Lo mejor de todo esto, sin duda, es que te das cuenta de la suerte que tienes de tener personas con las que llorar, enfadarse, pedir perdón, hablar, reir, bailar, sincerarse, dar las gracias...Todo ello concentrado en personas que, a pesar de todo y después de todo, están ahí.
¿Y sabeis qué...? A lo demás...que le vayan dando. Que el tiempo pone a cada uno en su lugar, que allá cada uno con su conciencia, que borrón y cuenta novísima; que mejor sola que mal acompañada; que cierro puertas con candado y la llave la tiro; que como dijo Sabina “este pez ya no muere por tu boca”, que lo malo, poco a poco, se me va volviendo bueno.
Y que, por enésima vez, subrayado, en negrita, cursiva y en mayúscula: CERCA DEL FINAL, DONDE TODO EMPIEZA
Todo lo demás ya me lo salté :)