Hay quienes no la califican como un arte, quienes la infravaloran desde la ignorancia. De hecho es, sin duda alguna, un oficio valorado por la mayoría de las personas muy por debajo de lo que se merece.
Pero cuando me encuentro con alguien con esas ideas, la verdad, no pierdo fuerzas en hacerle pensar lo contrario, expongo mi punto de vista y mi pensamiento que, seguramente, no lo comparta.
Hablo de la Fotografía.
Empecé (y estoy empezando, claro) como muchos: réflex en mano, con un objetivo llamado “pisapapeles” y con poquísimo conocimiento sobre su uso. Pero me llamaba la atención, hace tiempo descubrí que me sentía bien en esos ratos en los que me iba sola con la cámara, sin un rumbo fijo y, sobretodo, sin prisas.
Y realmente tiene su origen concreto, pues me di cuenta de ello una de las primeras tardes que estuve en Roma: primeros de Octubre, maletas deshechas...me asomé a la ventana, se podía sentir en la punta de la nariz un frío soleado. No podía quedarme en casa teniendo esa ciudad a mis pies, asique con un poco de música en los cascos, cuatro capas de abrigo y la cámara, salí. Si alguien me preguntase sobre esa tarde, le diría que no recuerdo haber visto a ninguna persona ni haber escuchado ningún ruido que no fuese el agua del río. Estaba en mi pompa, no puedo explicarlo mejor. El caso es que miré el reloj: las 20:15 de la tarde, creí que podría estar estropeado y le pregunté a una mujer “le otto e un quarto” me dijo. Pues sí, el tiempo había volado, estoy segura.
Y bueno, poco a poco voy conociendo más sobre ese mundo de la fotografía.
Estoy teniendo la suerte, en el curso que estoy haciendo, de conocer a personas que dedican su día a día a la fotografía, y son, sin duda, las personas más interesantes, humildes, cultas y valientes que he conocido. Sin ir más lejos mi profesor, un hombre que rondará los treintaypocos y que se ha recorrido medio mundo tirando de sus ahorros y empezando con una cámara de baja calidad. Le admiro y, todo hay que decirlo, le envidio. Quiero su constancia y su fuerza de voluntad para llegar un poco más lejos en lo que realmente me gusta y que, por desgracia, he ido dejando.
Viendo casos de personas con esa trayectoria, te das cuenta de la falta de aspiraciones generalizada en la sociedad, de como las personas se sientan a ver pasar el tiempo y de la razón que tiene mi madre cuando me dice que “el tiempo corre que se las pela”.
Supongo que también me encanta la fotografía por ser, de alguna manera, una forma de congelar el tiempo que tanto corre, el instante que capturas es único y diferente con respecto al momento que vives un segundo después.
Con todo mi respeto, pienso que ninguna persona, y con “ninguna persona” me refiero también a los grandes de la fotografía, somos nadie para sentenciar si una fotografía es bonita o fea, pues según mi parecer, y como así demuestra la historia desde las ideas de Platón, no se puede definir el concepto de “belleza”. Es subjetivo y depende de los ojos que la miren. Es por eso que el buen fotógrafo es una persona que sabe ver más allá de lo que ven otras personas.
Y podría seguir escribiendo sobre mi punto de vista, pero los estudios me reclaman, asique para terminar dejo alguna pequeña pincelada de uno de mis héroes de la fotografía y uno de los grandes: Sebastião Salgado.
Se trata de un fotógrafo brasileño dedicado a la tradición de la fotografía sociodocumental, mostrando las injusticias del mundo desde la belleza.
Dejo algunas de sus muchísimas fotografías que, espero, os conmuevan.
(La calidad de las fotografías disminuye al verlas en el ordenador, y aun así son asombrosas)




